Cuando llegué a Estados Unidos me sorprendieron muchas cosas del día a día. Algo tan simple como que siempre tengan el aire acondicionado puesto en casa, da igual que fuera haga 40 grados o 10, fue de lo primero que me llamó la atención. Durante mi año escolar en Estados Unidos, he descubierto una forma de vivir mucho más dinámica, en la que siempre hay algo que hacer y en la que, además, te hacen sentir parte de todo desde el principio.
Lo que más me gusta es lo acogedores que son con los extranjeros. Desde el primer momento he sentido que no era “el nuevo”, sino uno más. No solo mi host family, sino también otras familias que ni siquiera están obligadas a hacerlo, pasan tiempo conmigo, me preguntan cómo estoy y se preocupan. He hecho amigos que sé que serán para toda la vida. En mi caso, además, las distancias en coche no son muy largas, así que aprovecho esos trayectos para pasar más tiempo con miembros de mi host family y seguir compartiendo momentos.
En el instituto también he notado muchas diferencias. Aquí el horario es el mismo todos los días y no va cambiando, lo que hace que todo sea más organizado. Además, prácticamente puedes escoger las asignaturas que más te gustan. Yo, por ejemplo, estoy aprendiendo a soldar, algo que en España necesitaría una formación profesional para poder hacerlo. Me gusta mucho que el aprendizaje sea tan práctico y que puedas empezar a formarte en cosas muy concretas desde el propio High School.
Echo de menos a mis amigos y a mi familia en España, claro. Hay momentos en los que pienso en ellos y me gustaría tenerlos cerca. Pero esa sensación se compensa mucho con el cariño de mi host family y de los amigos que he hecho aquí. Poco a poco todo se hace más llevadero porque sabes que estás viviendo algo único y que estás creciendo muchísimo a nivel personal
Si pienso en los momentos más especiales, el primero que me viene a la cabeza es cuando llegué al aeropuerto y estaba toda la familia esperándome para recogerme. También recuerdo mi primer entrenamiento de fútbol americano y la primera vez que conocí a mis amigos aquí. El segundo día ya estábamos en un barco, viviendo una experiencia increíble. Y uno de los momentos más emocionantes fue cuando fui capitán en mi último partido de fútbol americano. Son recuerdos que voy a llevar siempre conmigo.
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