Desde que llegué, la vida en Estados Unidos no ha dejado de sorprenderme por muchos detalles del día a día. Cosas tan curiosas como que empiecen a celebrar Halloween con el “truco o trato” desde septiembre o que prácticamente nadie vaya andando a los sitios. De hecho, si alguien sabe que tienes que caminar más de cinco minutos, enseguida se ofrece a llevarte. A lo largo de mi año escolar en Estados Unidos, me he dado cuenta de que la gente tiene una actitud muy abierta y siempre intenta ayudarte con lo que necesites.
Lo que más me gusta de la vida estadounidense es la importancia que se le da a los deportes y a las festividades. Siempre hay algo que celebrar y eso hace que todo sea muy dinámico y divertido. Además, la gente es muy amable y está pendiente de ti, lo que hace que te sientas acompañada en todo momento. También me encanta el ambiente que se crea en torno a las actividades del instituto y cómo todo el mundo se implica.
En cuanto al High School, la verdad es que no tengo nada malo que decir. Los profesores son muy cercanos, las clases son más entretenidas y dinámicas, y se fomenta mucho la participación. Una de mis partes favoritas es no estar siempre en la misma clase, sino cambiar de aula según la asignatura, lo que te da pequeños descansos entre clase y clase. Además, se aprende mucho a trabajar en equipo, ya que gran parte de la nota se basa en proyectos y trabajos en grupo más que en exámenes, lo cual me parece muy importante.
Si hay algo que echo de menos de España, sin duda es la comida. Aquí no le dan tanta importancia y muchas veces intentan no cocinar o hacer cosas muy sencillas. Es un cambio bastante grande respecto a España, donde la comida es algo mucho más elaborado y también más social. También se echa de menos esa cercanía del día a día con la familia y los amigos.
Me llevo recuerdos muy especiales de esta experiencia, como el día que fuimos a la playa a ver el atardecer y luego a tomar un helado, o mi primer partido de fútbol americano animando desde la grada. También recuerdo con mucho cariño la primera vez que probé las famosas Crumbl Cookies después de ir a un parque de atracciones en Michigan, o el primer día que quedé con mis amigas. Son momentos que hacen que todo merezca la pena y que se quedan para siempre.
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